sábado, 1 de febrero de 2014

Una dictadura totalitaria. Trilogía del horror Stroessner - ANR - FF.AA

Mirada sobre la dictadura stronista

“Cualquiera que sea la posición de su propaganda oficial, el régimen de Stroessner no tiene realmente miedo a la subversión. De lo que tiene miedo es de la democracia”.
-Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, fechado en 1980.

La dictadura de Alfredo Stroessner tuvo particularidades que la diferenciaron de otros procesos autoritarios de la región, a los cuales, además, superó ampliamente en duración.
Desde el principio, el régimen de Stroessner demostró una evidente aspiración totalitaria, ya que no se limitaba a detentar el poder político institucional sino que buscó el control absoluto del conjunto de la sociedad. Esta característica explica la fuerza, longevidad y gravedad de los efectos sociopolíticos y económicos de la dictadura.

La estructura y el funcionamiento del stronismo se apoyaba en dos elementos fundamentales. Con el poder en sus manos, el dictador Stroessner emprendió una purga de los cuadros de oficiales de las Fuerzas Armadas, desechando a todos los elementos políticamente desleales. De inmediato, se aseguró el respaldo de la cúpula militar en el mando mediante ascensos, privilegios, asignación de tierras fiscales y todo tipo de negociados que incluyeron también la protección del contrabando y el narcotráfico. Un eje crucial del esquema stronista fue la partidización de las FFAA, en cuyas filas solo se podía ingresar y escalar siendo afiliado a la ANR y exhibiendo la más indigna obsecuencia hacia el dictador.

El segundo elemento fue el Partido Colorado, el cual aportó el sostén político al régimen a través de sus 229 seccionales en todo el país y la aplicación del clientelismo político a límites inauditos. La ANR funcionó como partido único hasta 1963 y como partido hegemónico en los años siguientes hasta la caída del dictador. Además de ser el factor de legitimación de Stroessner, el Partido Colorado contribuyó incluso con la incorporación de sus afiliados a grupos de represión parapolicial.

La lógica del sistema stronista lo llevó a extender sus ramificaciones y organismos de control y dominación mucho más allá del Estado. En este ámbito no había, de hecho, posibilidad alguna de disenso o pluralidad ya que mediante la afiliación compulsiva en la administración pública (civil, policial y militar) la estructura estatal estaba completamente subordinada a la dirigencia política del stronismo. Sin embargo, los tentáculos se extendieron a sindicatos, gremios empresariales, centros estudiantiles e instituciones culturales afiliaban y mantenían bajo un férreo dominio a la sociedad civil. Se consolidó así el papel de la ANR, como una enorme maquinaria de vigilancia, delación y control. En donde hallaba resistencia al control corporativo o se mantenía cierta autonomía de la sociedad, la dictadura recurrió a la cooptación de la representación social. Un caso típico de esto son las asociaciones de profesionales colorados (médicos, abogados, contadores, etcétera) que disputaban la legitimidad de las organizaciones genuinas de estos sectores.

Bases doctrinarias de la dictadura

Más que una ideología propiamente dicha el basamento doctrinario del régimen de Alfredo Stroessner fue un difuso conglomerado de elementos nacionalistas, tradicionales y autoritarios con los que buscó impregnar a toda la sociedad paraguaya.
A diferencia de las grandes ideologías de la época, la dictadura estronista no encarnó jamás un proyecto histórico, ni postuló la creación de un “hombre nuevo” ni pretendió transformar radicalmente la economía y la sociedad.

En sus contenidos discursivos, la tiranía de Stroessner apeló a un nacionalismo elemental y de corte militarista sustentado en el culto al Mariscal Francisco Solano López y a la Guerra de la Triple Alianza, la heroicidad de la raza paraguaya, el odio a los Legionarios, etcétera. Los impulsores de esta corriente -y, por lo tanto, principales ideológos del estronismo- fueron los colorados Juan E. Oleary y J. Natalicio González.
Desde sus inicios, de hecho, la dictadura de Stroessner se alineó sin objeciones a la doctrina de la Seguridad Nacional propugnada por EEUU y se declaró en cuanta tribuna internacional pudo como una “democracia sin comunismo”. El discurso anticomunista fue central en la política represiva del régimen. Sin embargo, en realidad, el estronismo nunca consideró al comunismo o a las agrupaciones políticas de izquierda como un peligro real. Su feroz anticomunismo servía de elemento de legitimación la represión a otros sectores, sin que importara la ideología ya que más de una vez alcanzó incluso a grupos conservadores.

No hay mejores palabras para explicar estos mecanismos de la dictadura que las contenidas en un informe de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas fechado en 1980: “Cualquiera que sea la posición de su propaganda oficial, el régimen de Stroessner no tiene realmente miedo a la subversión. De lo que tiene miedo es de la democracia”.

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*Publicado en la página web de CODEHUPY en ocasión de conmemorarse los 22 años del golpe que derrocó la dictadura de Alfredo Stroessner, el 2 y 3 de febrero de 1989

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